🌿 El cuento del río y las tres miradas

En un valle lejano, un río serpenteaba entre montañas. Sus aguas eran claras, pero cada piedra que caía en él dejaba ondas que se expandían hasta la orilla. Los sabios del lugar decían que aquel río era como el karma: todo acto, palabra o pensamiento era una piedra que, tarde o temprano, hacía vibrar la corriente.

Un joven discípulo llegó al río con el corazón lleno de resentimiento. Había sido traicionado y deseaba venganza. Se sentó en la orilla y preguntó al maestro:

—Maestro, ¿cómo puedo equilibrar la deuda que siento en mi pecho? ¿No es justo que la venganza me devuelva lo que me fue arrebatado?

El maestro, con calma, señaló tres reflejos en el agua:

1. El cuerpo consciente: —Mira tu rostro en el río. Ese es tu cuerpo de carne y mente. Él desea justicia, pero su tarea no es ejecutar la venganza, sino observar. La mente consciente debe aprender a mirar sin dejarse arrastrar por la corriente.

2. El cuerpo superior: —Mira más profundo, donde el reflejo se disuelve. Ese es tu cuerpo de entendimiento. Cuando creces en realización, ves que la venganza no es tuya, sino del equilibrio mismo. Tu deber es reconocer el deseo, pero no alimentarlo.

3. El cuerpo espiritual: —Mira más allá del agua, hacia el cielo. Allí no hay reflejo, sino presencia invisible. Son los hermanos que no encarnan, los guardianes que sostienen la balanza. Ellos, junto al espíritu, llevan la venganza hacia la justicia verdadera, que no castiga, sino que restaura.

El discípulo guardó silencio. Comprendió que la venganza no era un acto que él debía realizar con sus manos, sino un movimiento que el espíritu, junto a los guardianes invisibles, ejecutaba en el tiempo justo. Su tarea era ser testigo, crecer en entendimiento y mantener el equilibrio en su interior.

El maestro concluyó:

—El río nunca olvida las piedras que caen en él, pero tampoco se detiene. La justicia del karma fluye por sí misma. Tú, como viajero, solo debes aprender a caminar junto al río sin ensuciar sus aguas.

🌌 Reflexión

Este cuento nos recuerda que:

· La mente consciente observa y reconoce el deseo de justicia.

· La mente superior crece en entendimiento y evita que el deseo se convierta en acción destructiva.

· El espíritu, junto a los guardianes invisibles, sostiene la verdadera justicia, que no es venganza humana, sino restauración del equilibrio.

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