🧘‍♂️ Un cuento zen sobre el amor verdadero: "El bambú y el cerezo".

Un joven discípulo se acercó al maestro zen mientras barría el jardín del templo.

—Maestro —dijo con voz inquieta—, ¿Cómo sabré si la persona que amo es la adecuada para caminar conmigo en la vida?

El maestro dejó caer la escoba suavemente, como si el viento la hubiera soltado, y señaló dos árboles que crecían juntos en la ladera: un bambú y un cerezo.

—Mira bien —dijo—. El bambú es firme pero flexible. Se dobla con el viento, pero nunca se rompe. El cerezo florece con belleza, pero sus pétalos caen con rapidez. Ambos son hermosos, pero crecen de formas distintas.

El discípulo observó en silencio.

—El amor verdadero —continuó el maestro— no es encontrar a alguien que se parezca a ti, sino a alguien que te respete en tu forma de crecer. Si el bambú intentara florecer como el cerezo, se quebraría. Si el cerezo intentara doblarse como el bambú, perdería su esencia.

—¿Y si no crecemos en la misma dirección? —preguntó el joven.

—Entonces, hijo mío, hay que tener la virtud de decir no. No con rabia, sino con comprensión. No con miedo, sino con sabiduría. Porque el amor que resta no es amor: es apego. Y el amor que suma es aquel que te permite ser tú mismo, sin dejar de caminar junto al otro.

El discípulo bajó la mirada, como si una semilla hubiera sido plantada en su corazón.

—¿Y cómo se cultiva ese amor, maestro?

—Con paciencia, como se cultiva el bambú. Durante años no se ve crecer, pero bajo tierra sus raíces se fortalecen. Y cuando finalmente brota, lo hace con fuerza y dignidad. Así debe ser una relación: raíces profundas, crecimiento sincero, y espacio para florecer sin miedo.

El discípulo sonrió. El maestro volvió a tomar la escoba. Y el viento, como si entendiera la enseñanza, acarició ambos árboles sin hacer distinción.

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