Tu vida parte de un sueño, vive en el presente sin olvidar que tu objetivo es aquel sueño que amaste de verdad
🧘♂️ El Jardín de los Tres Sabios
En lo alto de una colina rodeada de bambúes, existía un monasterio llamado Trevinca, “el lugar de la conversación con la Naturaleza”. Allí vivían tres maestros: el Maestro Homer, guardián del cuerpo; el Maestro Reno, custodio de la mente; y el Maestro Breogán, guía del espíritu. Cada uno enseñaba a los discípulos un camino hacia la realización personal, pero advertían que el sendero estaba lleno de espejismos.
Un día, cinco alumnos se acercaron al jardín central, donde los tres sabios meditaban bajo un ciruelo en flor.
🌿 El Maestro Homer habló primero:
—“El cuerpo es el templo. Lo que comes no solo nutre tu carne, sino también tu intención. Si comes con prisa, tu alma se dispersa. Si comes con codicia, tu corazón se cierra. Aprended a comer como si cada bocado fuera una oración.”
Uno de los alumnos, llamado Sindo, preguntó: —“¿Y qué ocurre si siento deseo por lo que sé que me daña?”
Homer sonrió: —“El deseo no es enemigo, sino mensajero. Escúchalo, pero no lo sigas ciegamente. Pregúntale qué vacío intenta llenar.”
🧠 Luego habló el Maestro Reno:
—“La mente es como un estanque. Si no la limpias, se enturbia. Los pensamientos repetidos son como hojas secas que caen sin cesar. Para cambiar la forma de pensar, no basta con querer: hay que observar, cuestionar y sembrar nuevas ideas como quien cultiva arroz.”
La discípula Sara preguntó: —“¿Y si mi mente me engaña y me dice que no puedo cambiar?”
Reno respondió: —“Entonces, agradece el engaño. Porque cuando lo ves, ya no estás atrapada. El primer paso del cambio es ver la prisión.”
🔥 Finalmente, el Maestro Breogán se levantó y dijo:
—“El espíritu busca expansión, pero el ego teme perder su forma. Por eso aparecen las tentaciones: comodidad, reconocimiento, control. Son disfraces del miedo. Para crecer, hay que atravesarlos como quien cruza un puente de niebla.”
El joven Rodrigo, inquieto, preguntó: —“¿Y si caigo en la tentación?”
Breogán lo miró con ternura: —“Entonces levántate con humildad. Cada caída es una enseñanza. Pero no te quedes dormido en el suelo. El camino no exige perfección, sino sinceridad.”
🌸 Epílogo
Los cinco alumnos se quedaron en silencio. El viento movía las ramas del ciruelo, y algunos pétalos caían sobre sus hombros. Comprendieron que la realización no era una meta lejana, sino una forma de caminar: con atención al cuerpo, claridad en la mente y apertura en el corazón.
Desde aquel día, cada comida fue un ritual, cada pensamiento una semilla, y cada obstáculo una puerta hacia la acción de interiorizar y descubrirse a sí mismos.
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