Tu vida parte de un sueño, vive en el presente sin olvidar que tu objetivo es aquel sueño que amaste de verdad
🌿 El maestro y el tiempo detenido
En un claro del bosque, bajo la sombra de un gran laurel, el maestro biólogo se sentaba cada tarde con sus alumnos. Su voz era serena, como el murmullo del agua que corría cerca, y sus ojos reflejaban la calma de quien observa la vida sin prisa.
Uno de los jóvenes levantó la mano y preguntó:
—Maestro, ¿Qué es el envejecimiento? ¿Por qué los cuerpos cambian y se vuelven frágiles?
El maestro cerró los ojos unos instantes, respiró profundo y respondió:
—El envejecimiento es un misterio que aún no comprendemos del todo. Apenas llevamos unas pocas décadas de vida, y ya creemos saberlo todo. Sin embargo, el ser humano suele superar los 60, 70 años, y en muchos países la esperanza de vida se acerca a los 80. ¿Cómo podríamos, con tan poca experiencia, dictar leyes absolutas sobre la vejez?
Los alumnos escuchaban atentos. El maestro continuó:
—Quizá lo que llamamos vejez sea, en parte, fruto de la enfermedad y del descuido. En algunos lugares, se confunde el paso del tiempo con el deterioro, y se olvida que el cuerpo puede mantenerse sano si se vive en el presente. Cuando cuerpo, mente y espíritu se asientan en el aquí y ahora, el tiempo parece detenerse. Los ciclos naturales nos transforman, sí, pero no necesariamente nos marchitan. Nos cambian como cambian las estaciones: cada una con su belleza.
Una alumna, con voz temblorosa, preguntó:
—¿Y qué ocurre al final, maestro? ¿Cómo sabemos cuándo llega la muerte?
El maestro sonrió con dulzura:
—Ese diálogo no lo decide solo el cuerpo. Es una conversación entre cuerpo, mente y espíritu, acompañada por los ángeles y los sabios que nos precedieron. La fecha de la muerte no es un castigo ni un accidente, sino una respuesta que surge del compendio de la naturaleza, la humanidad, el espíritu y el guardián que nos acompaña. Morir no es perder la juventud, sino entregar la vida en plenitud, como un fruto que cae del árbol cuando está maduro.
El silencio se hizo profundo. Los alumnos miraron al maestro y comprendieron que el envejecimiento no era un enemigo, sino un proceso de transformación y vivir caminando con la mente puesta en cada paso que damos. Que vivir con atención, humildad y cuidado era la verdadera medicina contra el miedo al tiempo.
El maestro concluyó:
—Recordad: quien vive en el presente no envejece, solo cambia de forma. Y cuando llegue el momento de partir, será como cruzar un umbral acompañado de la naturaleza y de la luz.
🌸 Este cuento busca transmitir la idea de que el envejecimiento no es necesariamente decadencia, sino un ciclo natural que puede vivirse con plenitud si se cultiva la unión cuerpo-mente-espíritu.
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