Tu vida parte de un sueño, vive en el presente sin olvidar que tu objetivo es aquel sueño que amaste de verdad
En un pequeño dojo rodeado de colinas y bambú, vivía un anciano maestro de artes marciales llamado Haru. No era conocido por su fuerza, sino por su serenidad. Decían que podía escuchar el viento antes de que soplara.
Un día, un joven discípulo llamado Ren llegó al dojo, buscando aprender a defenderse del mundo. “Maestro,” dijo, “quiero ser fuerte. Quiero que nada me perturbe.”
Haru lo miró con una sonrisa suave y lo llevó al jardín. “Golpea ese bambú,” ordenó.
Ren lo golpeó con fuerza, pero el bambú se dobló y volvió a su lugar. “¿Lo ves?” dijo Haru. “El bambú no se resiste. No lucha contra el viento. Se adapta, pero nunca se rompe.”
Durante semanas, Ren entrenó con intensidad. Pero su mente estaba llena de ruido: preocupaciones, comparaciones, deseos. Cada vez que erraba un movimiento, se frustraba.
Una mañana, mientras practicaban katas, Haru lo detuvo. “Tu cuerpo está aquí, pero tu mente está en otro lugar. La atención es el primer arte. Si no puedes estar presente, no puedes ser libre.”
Ren se sentó bajo el bambú y comenzó a observar su respiración. Día tras día, aprendió a escuchar el silencio entre sus pensamientos. A notar cómo la mente quería correr, pero él podía elegir quedarse.
Un año después, Ren ya no buscaba fuerza. Buscaba claridad. Su mente se volvió como el bambú: flexible, consciente, positiva. No porque ignorara el dolor, sino porque sabía que todo pasaba, como el viento.
Haru le dijo entonces: “La verdadera defensa no está en el puño, sino en la mente que no se deja arrastrar. La atención consciente es el arte más alto. Y tú ya lo practicas.”
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