Tu vida parte de un sueño, vive en el presente sin olvidar que tu objetivo es aquel sueño que amaste de verdad
🧘♂️ El saludo del bambú
En un valle rodeado de montañas suaves, vivía un anciano maestro zen llamado Ryū. Su templo era sencillo, hecho de madera y piedra, y en su jardín crecían bambúes que se mecían con el viento como si saludaran al mundo.
Un día, llegó al templo un joven noble, vestido con ropas finas y joyas brillantes. Quería aprender del maestro, pero al entrar, no se inclinó ni saludó. Se sentó con la espalda recta y la mirada altiva.
El maestro Ryū lo observó en silencio. Luego, sin decir palabra, se levantó y caminó hacia el jardín. El joven lo siguió, curioso.
Ryū se detuvo frente a un bambú y dijo:
—Mira este tallo. ¿Es alto o bajo?
El joven respondió:
—Es alto, claro. Más alto que los demás.
Ryū asintió.
—¿Y este otro?
—Es bajo. Apenas ha crecido.
El maestro sonrió.
—Y sin embargo, ambos se inclinan con el viento. No por miedo, ni por sumisión. Lo hacen porque están vacíos por dentro. No se aferran a su altura ni a su forma. Se presentan al viento tal como son.
El joven frunció el ceño.
—¿Qué tiene eso que ver conmigo?
Ryū lo miró con ternura.
—Cuando te presentas a otro ser humano, no eres tu rango, ni tu ropa, ni tu historia. Eres como el bambú: cuerpo, mente, alma y espíritu. Si estás lleno de juicios, te romperás con el viento. Si estás vacío de apegos, te inclinarás con respeto, no por inferioridad, sino por reconocimiento.
El joven bajó la mirada. Por primera vez, se inclinó ante el maestro.
—Gracias por enseñarme a saludar.
Ryū le devolvió la reverencia.
—Gracias por presentarte.
Desde entonces, el joven saludaba a todos —campesinos, sabios, niños y ancianos— con la misma reverencia. No por lo que eran en el mundo, sino por lo que eran en el centro de su ser.
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