🥋 Cuento Zen: La Escuela del Río Silencioso

En un valle de la India septentrional, donde el río se deslizaba como un espejo de calma, se levantaba una escuela de artes marciales. No era un lugar de combate, sino de educación: allí los maestros no solo enseñaban a los niños y adolescentes a mover sus cuerpos con disciplina, sino también a educar sus mentes y corazones.

Los maestros decían: “El enemigo no está fuera, sino dentro. El egoísmo, el narcisismo y los apegos son sombras que alimentan la mente reactiva. Esa mente, cuando se deja gobernar por la prisa y la frustración, convierte la vida en ansiedad.”

🌿 La enseñanza del Maestro Ananta

Un día, el maestro Ananta reunió a los jóvenes bajo el árbol de neem y les habló: —La mente reactiva es como un caballo desbocado: corre sin dirección, arrastrado por los deseos. La mente reflexiva, en cambio, es el jinete que sabe cuándo detenerse, cuándo avanzar y cuándo esperar.

Para educar al jinete, dijo, había que entrenar el cuerpo y la mente en unidad:

· El cuerpo debía ejercitarse en movimientos simétricos, brazos y piernas, derecha e izquierda, como reflejos en un espejo.

· La mente debía entrenarse con estímulos sensitivos que equilibraran los hemisferios: el izquierdo, racional, y el derecho, creativo.

· Aprende a no esperar para no desesperar por apegos a la prisa (ausencia de ansiedad) y así vivir en presente que es donde tiene que estar el foco de tu mente.

· Así, con tiempo y práctica, la mente reflexiva aprendería a aceptar la mente creativa, y ambas caminarían juntas como dos alas de un mismo pájaro.

🌌 El camino de los tres cuerpos

Otro maestro, llamado Bhaskar, enseñaba que el trabajo no terminaba en el cuerpo físico. —El cuerpo causal, el astral y el bhúdico son como puertas —explicaba—. Solo quien respira en calma y medita en el aquí y ahora puede atravesarlas. La unión cuerpo-mente con el alma no se logra con fuerza, sino con equilibrio y desde el amor, el amor a todo lo que rodea sin olvidarse de sí mismo, sino haces de tu voluntad la pena de los demás hacia tí.

De los contrario si sólo te amas a ti mismo obviando las necesidades de los demás contigo en tu entorno particular corres el riesgo de ser soberbio y ceder a la tiranía (actuando como un dictador).

Los estudiantes practicaban respiración en tándem: inhalaban como si recibieran el mundo, exhalaban como si lo entregaran. En ese ritmo, aprendían que la acción correcta no surge de la prisa, sino del momento presente.

🌸 La lección final

Un joven discípulo preguntó: —Maestro, ¿Cómo sabré cuándo actuar?

El maestro sonrió y respondió: —Cuando tu mente reflexiva escuche a tu mente creativa sin juzgarla, y ambas respiren juntas, entonces sabrás. El momento de actuar es siempre el ahora, pero solo el que ha entrenado su cuerpo y su mente puede reconocerlo.

Y así, en la escuela del río silencioso, los niños crecían no solo como guerreros, sino como seres completos. Aprendían que la verdadera victoria no era vencer a otro, sino vencer las prisas, los apegos y las sombras del ego. Así podían ser conscientes del ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer? ¿Para qué hacerlo? y sobre todo ¿Cuándo hacerlo?

No olvidar que toda la lección anterior parte de la máxima: hacer las cosas desde el amor, el amor a todo lo que rodea sin olvidarse de sí mismo, para asegurarse de que la decisión que tomes se ajuste a la correcta para tí y teniendo en cuanta las circunstancias que te rodean ya que somos seres sociales: así la sinergia energética de la que todos formamos parte vive en equilibrio y con ello todos gozamos de salud y de bienestar particular y social.

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